INCONTINENCIA Y SEXUALIDAD
Definimos la sexualidad como “El conjunto de factores físicos y psíquicos que conducen el instinto sexual hacia la comunicación afectiva y física con los demás”. Partiendo de este concepto amplio de sexualidad, se entiende mejor el hecho de que todas las personas están marcadas por su sexualidad y que por ser ésta, parte de su naturaleza, constituye un derecho natural del individuo; así, la realización personal conlleva la realización sexual que va mucho más allá de lo genital.
Los sociólogos reconocen el funcionamiento integrador y cohesivo del sexo como algo que contribuye a la estabilidad individual, familiar y social, siendo la sexualidad directriz de muchas de las actividades cotidianas del ser humano, por ello cualquier alteración funcional que altere la sexualidad irá más allá de lo individual; esto ocurre en el binomio Incontinencia Urinaria (I.U.) – Sexualidad.
Los múltiples factores que conforman la Sexualidad le confieren gran variabilidad que añade dificultad a su estudio. Para valorar la repercusión que sobre la sexualidad tiene la I.U. hemos de recurrir a parámetros que nos relacionan calidad de vida y salud con la suficiente sensibilidad, validez y fiabilidad.
Cualquier alteración fisiológica tiene un efecto directo sobre quien la padece. En la Incontinencia Urinaria (pérdida involuntaria de orina) el efecto directo es el de mojar la ropa causando un problema higiénico y social al producirse en momento y lugar no adecuado. Este hecho va a incidir de forma indirecta sobre las diversas situaciones: social, familiar, educacional, laboral, económica, sexual…
El concepto de I.U. abraza un hecho, el escape de orina, pero esta alteración tiene varias causas, no es en sí misma una enfermedad; tiene grados muy dispares y está presente en múltiples enfermedades y la repercusión directa sobre el individuo depende de las circunstancias del mismo. Valorar la I.U. y su repercusión en la calidad de vida tiene mayor complejidad que la intuida en un primer momento: No podemos homologar a la mujer que al ponerse de pie, se los moja, con la que al dar un triple salto se le escapan unas gotitas, tampoco la repercusión que tiene la I.U. de urgencia en un agricultor que está en el campo con la de una senadora en el Senado. Es difícil en la I.U. de una persona con esclerosis múltiple, diabetes, accidente vasculocerebral, etc., saber qué responsabilidad tiene la I.U. en la alteración que estas personas padecen respecto a su salud y calidad de vida.
Diversos estudios demuestran que la I.U. no sólo tiene un impacto negativo emocional sino que además incide en la relación con los demás (1). Las personas con I.U. tienen una tasa significativamente más alta de depresión, tristeza y sensación de soledad que las que no la sufren. También se ha visto que el impacto negativo sobre la calidad de vida es mayor cuando la causa de la I.U. es la hiperactividad vesical (I.U. de urgencia) que cuando es por incompetencia uretral (I.U. de esfuerzo).
El cuerpo humano es el soporte de la realidad externa del individuo y el mediador organizado de relación con los demás. La imagen interna que tenemos acerca de nosotros “Como nosotros nos vemos a nosotros mismos” es la imagen corporal y dentro de ella lo que me diferencia de los demás es lo que me confiere identidad (2). Una parte fundamental de nuestra identidad, son los genitales, ellos nos diferencian y nos hacen reconocibles, la ausencia de control que sobre la imagen de los mismos supone la I.U. causará un fuerte impacto en nuestra identidad.
La ausencia de control voluntario de orina no sólo tiene un impacto psíquico sino que además puede condicionar la relación sexual. Un considerable número de mujeres con incontinencia urinaria tienen pérdidas de orina en el coito (3), aunque rara vez, por vergüenza, este sea el motivo de la consulta. Estos escapes pueden producirse durante el coito, el orgasmo o postorgásmicos, según cual sea la causa de la I.U. y son desencadenantes de los mismos la posición (decúbito prono), la repleción vesical, el incremento de la presión abdominal, el estímulo clitorídeo y el orgasmo.
La repercusión que la I.U. tiene sobre la sexualidad no incide sólo en aquéllas incontinentes cuyas pérdidas se producen durante el coito, pues aunque en éstas estén presentes otros condicionantes, el daño psicológico se produce en todas. Valorar la repercusión de la I.U. conllevaría evaluar la percepción del incontinente dentro del contexto cultural y el sistema de valores en el que vive en relación con sus metas, expectativas, normas y preocupaciones. Esta medición la realizamos mediante los cuestionarios de la calidad de vida (4). Los cuestionarios SF 36 y SF 12, valoran la repercusión psicosocial de la I.U. (5) y evidencian altas tasas de tristeza, depresión, soledad, y aislamiento. Los múltiples factores que intervienen en la sexualidad: situación emocional, existencia o no del inductor adecuado al deseo, entendimiento con la pareja, otras limitaciones, etc., dificultan el poder evaluar el impacto de la I.U.
La I.U. y los prolapsos inciden negativamente sobre los aspectos psicológicos de la mujer que se desvaloriza, no se siente objeto de deseo, siente inseguridad, disminuye su autoestima, se retrae alterando su comunicación afectiva y llegando a bloquear su respuesta por la ansiedad sexual que le genera este problema.
¿Se resuelve el problema restaurando la continencia?
Toda incontinencia debe ser tratada
El tratamiento de la I.U. dependerá de la causa y grado de la I.U.
La rehabilitación del suelo pélvico, los fármacos, la cirugía…, son específicos para cada tipo y grado de la I.U.
Con el tratamiento conseguimos nuestro objetivo principal recuperar-normalizar una función fisiológica y mejorar la calidad de vida y con ello, potencialmente, restablecer un mejor desempeño sexual. No obstante, es arriesgado afirmar que la sexualidad tras la recuperación de la continencia va siempre a mejorar. La expresión de la sexualidad va unida a variables que exceden la función fisiológica, los aspectos psicológicos y de relación de pareja son claves.
Para mejor diagnosticar los problemas sexuales asociados a la I.U. se debería tener en consideración:
La relación de pareja: Si la relación de pareja esta muy deteriorada la esfera sexual se resiente. Si surge alguna razón “objetiva” para evitar el contacto coital, como puede ser la I.U., la persona puede llegar a exagerar el malestar, de manera que su problema actúa como “protección” ante un contacto no deseado.
La edad: Esta claro que en mujeres de cierta edad, la sequedad vaginal, los cambios hormonales, la menopausia, junto al paulatino deterioro físico propio de la edad, pueden incidir en la disminución del interés por el sexo. En estas pacientes la I.U. puede ser la gota que colma el vaso. Por eso, además de tratar la I.U. en algunos casos puede ser de interés derivar al sexólogo para abordar los problemas estrictamente sexuales.
(1) Wyman JF, Harkins SW, Chois C, Taylors JR, Fanti JA. “Psychosocial impact of urinary incontinence in women” Obstet Gymecol. 1987; 70: 378-81.
(2) Stach- Lempinen B, Hakala AL, Laippala P, Lthimen K, Metsanoja R, Kujansun E. “Severe depresión determines quality of life in urinary incontinent women” Neurourology and urodinamics. 2003; 22: 563-8.
(3) Handos VI., JHarvey I. Cundiff GW, Siddique SA., Kjerulff KH. “Sexual function among women with urinary incontinence and pelvic organ prolapase”. Am J Obstet Gynecol. 2004; 191 (3): 751-6
(4) Group WHOQOL. “Study protocol for the Worl Health Organization project to develop a Quality of life assessment instrument (WHOQOL)”. Qual Life Res 1993; 2: 153-159.
(5) Bullinges M, Alonso J, Apdone G, etc al. “Translating health status questionnaires and evaluating their quality: the IQOLA Project approach. “International Quality of life Assesment”. J Clin Epidemiol 1998; 51: 1167-70.
Dr. Eduardo Martínez Agulló
Publicación del Instituto Indas para la Incontinencia Urinaria



Mayo 27, 2010 | Enviado por admin 
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